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Dom, Oct

Editorial
Mientras todo el país estaba pendiente de la Cumbre de Río que dio por superada, al menos momentáneamente, la crisis diplomática (que ya amenazaba con guerra) hay algo que pasó por alto.

Mientras todo el país estaba pendiente de la Cumbre de Río que dio por superada, al menos momentáneamente, la crisis diplomática (que ya amenazaba con guerra) hay algo que pasó por alto.

El gobierno colombiano ha venido llevando a cabo una política de privatización de activos de la nación, muchos de los cuales han terminado en manos de multinacionales. Pues bien, como se recuerda la actual Telefónica-Telecom fue puesta a la venta y nunca le faltaron pretendientes, entre los que se encontraba CANTV, estatal venezolana que pretendía quedarse con una de las joyas de la corana del sector en Colombia.

Lo mismo sucedió con la Refinería de Cartagena, propiedad de ECOPETROL, y que por poco termina en manos de la Estatal venezolana PDVSA.

La sensación que queda en el ambiente es de alivio, como se diría coloquialmente, “de la que nos salvamos”; porque nadie se imagina qué puedo haber sucedido o qué hubiese podido suceder en una crisis como la que se vivió hace pocas semanas en un país donde las principales empresas de sectores tan importantes como el de las telecomunicaciones o el del petróleo estuviesen en manos de las estatales chavistas.

Sin embargo, también queda la pregunta. ¿Hasta qué punto es conveniente que se lleve un proceso de privatización de sectores estratégicos para la economía y seguridad nacional; más cuando son susceptibles de quedar en manos de otro Estado que si bien hoy puede ser nuestro amigo, mañana puede ser nuestro principal enemigo? Un cuestionamiento que debería hacerse nuestro gobierno.

Los peligros del neoliberalismo.


Escrito por: David Gaitán para...

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